Las Primicias de una Vida con Propósito
La sabiduría divina nos enseña un principio profundo, revelado desde los albores de la fe: lo primero le pertenece a Dios. No es una mera tradición o una obligación legalista, sino un acto de fe y un reconocimiento de Su soberanía sobre todo lo que somos y tenemos. Cuando consagramos a Dios lo primero de nuestro tiempo, de nuestros días.
El Principio de las Primicias: Consagrando el Origen
Dios, en Su infinita sabiduría, estableció que todo lo que es primero le pertenece. Si tenemos la capacidad y la sabiduría de reconocerlo como el dignatario de ese "primero" —sea el primer día, la primera hora, o el primer momento de un nuevo ciclo—, todo el resto de nuestra vida y nuestros bienes quedan santificados y consagrados para Él.
Aunque como iglesia del Nuevo Pacto no celebramos las fiestas judías tal como ellas lo hacían, hemos abrazado el principio espiritual subyacente: lo primero es para Dios. En realidad, todo le pertenece a Él, pero en Su gracia, nos pide que le entreguemos una porción inicial como señal de nuestra fe y obediencia. Al hacerlo, el resto de nuestra "masa" queda bendecida.
Contar Nuestros Días con Sabiduría: El Peso Acumulativo de la Vida
El Salmo 90:12 nos invita a una profunda reflexión: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría." El rey David no pedía aprender a contar números, sino a comprender el valor y el peso de cada día. Todo comienza con el "uno". Si comprendemos el significado del "uno", el "dos", el "tres" y los días sucesivos se ordenan.
Existe un "peso acumulativo" en nuestros días. El día "uno" no lleva la carga del pasado; está liviano, sin estrés, sin deudas acumuladas. Pero el día "dos" ya suma lo del "uno", y el "tres" lo del "dos" y el "uno". Al final del año, podemos sentir el peso de 365 días de acumulación. ¿No es asombroso el "milagro del Año Nuevo"? El 31 de diciembre, muchos se sienten abrumados, pero al cruzar la medianoche, es como si una mochila pesada se desprendiera, volviendo a un estado de "uno", de nuevo en cero.
Es en este estado de "uno" donde reside una inteligencia espiritual crucial: dedicar ese "uno" a Dios. Así, cuando llegue el "dos", no heredaremos cargas, sino bendición, unción, palabra profética, espiritualidad, generosidad. Las malas decisiones, confesiones o pensamientos de enero pueden marcar todo el año. Por ello, es vital purgar rápidamente cualquier error, pedir perdón y alinear nuestro corazón con la sabiduría divina desde el principio.
Este principio se aplica a todos los ciclos: los meses, los días, los minutos, los segundos. Estamos en un "tiempo uno" – el inicio de un nuevo año – y nuestras oraciones, nuestra generosidad, nuestro compromiso y nuestras decisiones iniciales marcarán todo lo que está por venir. Hablemos bendición sobre nuestros meses futuros, sobre nuestros proyectos, sobre el día de nuestro cumpleaños, para que no solo acumulemos años, sino sabiduría, arrepentimiento e inteligencia espiritual.
El Poder Santificador de las Primicias: Raíz y Masa
El apóstol Pablo, en Romanos 11:16, profundiza en este principio: "Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas." Aquí se nos revela el poder santificador de la primicia.
- La Primicia de la Masa: Si la primera porción de la masa es consagrada a Dios, el resto de la masa queda bendecida. Esto nos habla de nuestras ofrendas y generosidad. No hay un versículo que especifique cuánto dar, porque es un acto de fe. Dios le pidió a Abraham su hijo, y a la iglesia primitiva que vendieran sus casas. Su obediencia llevó a que "no hubiera ningún necesitado en la iglesia." La generosidad en las primicias conmueve el mundo espiritual a nuestro favor.
- La Primicia de la Raíz: Si la raíz de nuestra fe es santa, también lo son las ramas. Abraham, el padre de nuestra fe, oró, diezmó, pactó, ofrendó y creyó a Dios. Por ello, sus descendientes —Isaac, Jacob, David, Jesús— fueron santificados en él. Nosotros, como primogénitos espirituales en nuestras familias, al mantenernos consagrados a Dios, santificamos a las generaciones que nos siguen: hijos, nietos, yernos y nueras. Dios nos dio a Su Hijo como primicia para que nosotros, en Él, seamos hijos santificados.
La primicia, entonces, determina el resto. Es una decisión consciente de honrar a Dios con lo primero, confiando en que Su bendición se extenderá sobre todo lo que sigue.
Visión y Misión: Descubriendo Nuestro Propósito Divino
Se vuelve cada vez más incomprensible cómo Dios Todopoderoso, el Creador del universo, ha depositado una responsabilidad tan grande en nuestra débil naturaleza humana. El Dios que puede detener los astros está sujeto a nuestra decisión, a lo que llamamos "libre albedrío".
La visión de Dios, Su propósito eterno, fue asignada al hombre en forma de misión de vida. Es crucial entender que la visión es una sola, y le pertenece a Cristo, la Cabeza. Él es el dueño del diseño. Lo que cambia son las misiones, que son muchas. Hay una visión: vencer al enemigo, conquistar el territorio. Pero hay diversas misiones: unos lucharán en la costa, otros en la montaña, otros se infiltrarán. Nosotros, como hombres y mujeres, somos responsables de la misión, del desarrollo de esa visión de Dios en la tierra.
Dios nos asignó a una geografía (como Villa Mercedes, San Luis) y nos dio una identidad. Pertenecemos a un "ADN" de prosperidad y sabiduría, una iglesia de intelectualidad que no hace las cosas porque sí.
Jesús es nuestro máximo ejemplo. A los 12 años, cuando sus padres lo buscaron, Él estaba en el templo, en los "negocios de Su Padre". No estaba en el ocio, sino buscando entender Su propósito. A los 30, al leer el rollo de Isaías, declaró: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres." Él descubrió su misión de vida en las Escrituras. Si el Hijo de Dios tuvo que hacerlo, ¿cuánto más nosotros? Este año, volvamos a enamorarnos de la Biblia, porque es ahí donde el Espíritu nos revelará lo que no hemos visto.
Los "Negocios del Padre": Negarse al Ocio
Jesús afirmó: "En los negocios de mi Padre me es necesario estar." La palabra "negocio" en este contexto implica "negarse al ocio". Jesús no vivía para cualquier cosa; vivía para cumplir una misión asignada por Su Padre. Su vida en la tierra tenía una sola intención: descubrir y ejecutar esa misión.
¿Para qué nos salva Dios? ¿Para calentar una silla? ¿Para ir al cielo y mientras tanto "pecar un rato más"? ¡No! Si Dios nos ha dado vida, salud y prosperidad, es para que le sirvamos, para que seamos incluidos en Su misión divina. Dios no nos pensó para llenar la membresía de una institución, sino para aumentar Su ejército en la tierra, para que Su visión sea propagada. Sin misión, la visión de Dios queda truncada.
Nuestra fundación se llama "Misión de Vida" porque no concebimos la vida sin misión. No estamos esperando la muerte; estamos sirviendo a Dios, predicando el evangelio, siendo parte de Su obra. La iglesia de Jesucristo lleva a cabo esta misión. Un joven sin misión de vida prioriza lo superficial; un creyente sin misión se envuelve en la religión, buscando solo "sentirse bien" sin agregar valor a su existencia.
¿En qué "negocios" anduvimos metidos en el pasado? ¿En qué "negocios" nos vamos a meter este año? ¿Estamos dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo, incluso cuando las cosas se pongan difíciles, sin considerarlo una pérdida? Cuando Jesús sentía presión, turbación o persecución, se retiraba a orar: "Padre, si es posible, pase de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Si nuestro servicio es para nuestro Padre Dios, Él nos mantendrá en pie.
Origen, Proceso y Proyección: El Camino de la Vida
Todas las cosas tienen un origen, atraviesan un proceso y culminan en una proyección.
- Origen: Dios nos llamó con un nombre y un propósito. Nuestra identidad como iglesia, "Misión de Vida", declara que si Dios nos ha dado una vida nueva, es para una misión de vida.
- Proceso: Hemos caminado 22 años, aprendiendo, creciendo, siendo probados y aprobados por el Señor. El hecho de que Dios siga sanando y levantando vidas es prueba de que estamos vigentes en Su propósito eterno. No debemos avergonzarnos de nuestros procesos, ni de los errores cometidos.
- Proyección: Este año 2026, declaramos que volvemos a nuestra identidad espiritual, no al punto de partida. Estos 22 años han sido una escuela invaluable. Es un año de incremento en todas las áreas: más unción para nuestras vidas y ministerios, más estructura para desarrollar el propósito eterno de Dios, más alcance y más influencia. Como dice Proverbios 4:18: "Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto." Es un año de restauración y aumento.
Pedro: Un Ejemplo de Negación y Restauración Divina
La historia de Pedro es un poderoso testimonio de este camino. Jesús lo llamó de su vida de pescador para hacerlo "pescador de hombres", una misión más grande que su empresa pesquera. Pedro creyó y lo siguió. Fue el primero en confesar a Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente, una revelación divina. Sin embargo, Pedro también era impulsivo, radical, y en un momento de debilidad, negó a Jesús tres veces, justo como el Señor había predicho.
Después de la negación, Pedro se sintió amargamente mal y decidió volver a su antigua vida, a pescar peces, abortando su misión de vida. Pero Jesús, en Su amor inquebrantable, fue a buscarlo. Al descender a tierra, Pedro vio brasas puestas, un pez encima y pan. Era el mismo escenario de una fogata donde, días antes, había negado al Señor.
Jesús le preguntó tres veces: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que a estos?" Pedro se entristeció, pero respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te amo." Y Jesús le encomendó: "Pastorea mis corderos," "Apacienta mis ovejas," "Apacienta mis ovejas."
Jesús llevó a Pedro al mismo escenario de su error, delante del fuego, para confrontar su fracaso. El calor de las llamas, el olor de la leña, eran el recuerdo de su negación. ¿Por qué Dios nos lleva una y otra vez a esos momentos de error? Para mostrarnos que, aun del fuego, Él nos puede sacar por Su gracia. No para ocultar nuestros errores, sino para enfrentarlos con la cabeza en alto. Es en el lugar donde caímos donde debemos volver a decir: "Señor, te amo y quiero vivir para Ti."
La restauración no es negación; es decir: "Sí, lo hice, me equivoqué, me salió mal, pero amo a mi Señor más que a mi vida y quiero servirle todos mis días." Aquellos que estamos habilitados para pastorear y servir somos los que hemos negado al Señor delante del fuego y hemos permitido que Su gracia inconmensurable nos restaure. No los que se creen perfectos e infalibles, sino los que tienen el recuerdo amargo de haber errado, y por gracia, son lo que son.
Aplicación Práctica
Amado lector, en este nuevo tiempo, te invito a:
- Consagrar tu "uno" a Dios: Dedica lo primero de tu tiempo, tus talentos y tus recursos a Él. Que el inicio de cada día, semana, mes y este año sea un acto de fe.
- Aceptar los procesos de la vida: No te avergüences de tus errores pasados. Reconócelos, arrepiéntete y permite que Dios te restaure en el mismo lugar de tu caída.
- Abrazar tu misión de vida: Descubre en las Escrituras el propósito divino para el cual fuiste creado. No vivas una vida sin sentido, negándote al "negocio del Padre".
- Esforzarte en la gracia: Recuerda que la gracia de Dios no es una licencia para pecar, sino el poder para levantarte y seguir cumpliendo tu misión. Cuando Satanás te recuerde tu pasado, recuérdale su futuro y la sangre de Cristo que te habilita.
Declarar restauración y aumento: Cree que este año 2026 es un tiempo de incremento de unción, estructura, alcance e influencia en tu vida y en la iglesia.
Reflexion
Dios no te dio una nueva vida para que vivas lo mismo de antes. Te la dio para una misión de vida. Es tiempo de recordar nuestro origen en Él, de aceptar los procesos que nos forman y de proyectarnos hacia el cumplimiento de Su voluntad. La restauración es un don precioso que nos permite volver al camino, sin importar cuántas veces hayamos tropezado. Es el Señor quien nos busca, nos lleva al lugar de nuestro error, y con amor nos pregunta: "¿Me amas?" Y cuando respondemos con sinceridad, Él nos habilita de nuevo para pastorear, para servir, para vivir una vida con propósito. Que este año sea el año en que, delante del fuego de nuestras pruebas, elijamos amar a nuestro Señor más que a nuestra propia vida y vivamos plenamente la misión divina para la cual fuimos creados.
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